Hoy, la banda de los Casale y los Mothersbaugh vuelve para darle un severo correctivo a la vorágine adolescente encarnada en MGMT o Lady Gaga. Something for everybody, su nuevo disco, re-explica las fórmulas para armar nuevas drogas musicales de diseño. Y como bien señala Pablo Schanton en una reseña para el diario argentino Clarín, "el Devo 2010 no es “el futuro del rock”, como dijo Bowie en 1976, pero sí un “nuevo tradicionalismo”".

Decía que se atreven, casi a todo. Sino, miren la pequeña bomba que lanzó Mark Mothersbaugh a los medios. Es que los Devo, además, gozan de cierta impunidad. Hacen lo que quieren, cuando quieren -hacía catorce años que no sacaban un nuevo álbum de estudio... Catorce!- y lo disfrutan a su modo, entre ironías y cascos de maceta.
Para los que aún sueñan con esos colchones de teclados tipo A flock of Seagulls o la cadencia rítmica de Adam and The Ants -no por nada hay una canción de Something for everybody que le hace guiños a "Kings of the Wild Frontier"-, sepan que no todo está perdido. La respuesta la tienen estos hombres uniformados que, en vez de hablar, responden con música.
Para escuchar Something for everybody, de 2010: